Mikel Barberena ha estado treinta años dando servicio en la carnicería de Garralda y, llegado el momento de su jubilación, Aitor y Saioa toman el testigo. Mikel hace balance de estos años de trabajo en los que ha trabajado por su pueblo y por el sector, confiando en el GCN y participando de forma activa en su junta directiva.

En el precioso valle pirenaico de Aezkoa se encuentra uno de los establecimientos más tradicionales del lugar: Carnicería Xankoi. De carácter municipal, ofrece un servicio esencial para la población residente en la zona. Por eso, la desaparición de los comercios en el medio rural supone una enorme pérdida para los pueblos pequeños. Afortunadamente, en el caso de Mikel Barberena, ha sido posible solventar su salida del negocio gracias a la rápida respuesta de los nuevos arrendatarios, que se han trasladado a Garralda con sus dos hijas, aportando así un valioso activo para el pueblo.

Treinta años dan para mucho. Que se lo digan a Mikel Barberena que, desde que tomara las riendas del negocio junto a otros dos socios, ha visto cómo ha evolucionado de carnicería y matadero comarcal, en el que se encargaban de matar a sus propio ganado, al establecimiento que es hoy día en Garralda, vendiendo otros productos de primera necesidad, además de hacer las veces de droguería. “ De los tres socios que éramos, como la población va en declive, uno se fue porque tenía también vacas, el otro se jubiló hace nueve años, y luego he estado yo con Elena, y con mi hijo un par de años, pero a él no le gusta el negocio y prefiere la ganadería y se ha ido de ganadero”-explicaba Mikel.

Aitor y Saioa, por su parte, tenían claro que querían mudarse. Primero pensaron en Pamplona, donde hasta entonces llevaban una carnicería en un puesto del mercado de Santo Domingo. Gracias a un conocido, se enteraron de la oferta y, estudiados los pros y los contras, se lanzaron a ello. Según nos contaba Aitor, “Veníamos de Tabar, al lado de Lumbier, y Garralda es un pueblo grande para nosotros. Tiene unos doscientos y pico habitantes, frente a los 30-40 que estábamos. Nos hemos adaptado bien”.

Y es que, uno de los mayores impedimentos era el tema de los traslados a Pamplona, ya que tenían que ir en dos coches, llevar a sus hijas al colegio… Por lo que con el cambio han ganado además en comodidad “Aquí lo tenemos todo: el colegio, el centro de salud, el trabajo… Todo. Además, tenemos 41 años y vimos que era el momento. Llevo desde los 20 años de carnicero y no me da miedo”.
En el caso de Mikel, unas hernias que le estaban causando problemas y una operación que se adelantó en el tiempo le llevaron a acelerar su salida de la carnicería. Y es que, para recuperarse, debía ausentarse durante tres o cuatro meses, un tiempo que no podía permitirse si quería atender a los servicios del pueblo.“Cerrar ese tiempo para un carnicero aquí es complicado, por eso he estado esperando hasta los 63 años para poder marcharme. Adelanté mi jubilación porque no queríamos perder el servicio que hay en el pueblo, porque esto es una carnicería municipal, no es particular, y el ayuntamiento la saca a arriendo. Entonces hablé con el ayuntamiento y cuando ya casi estaba desistiendo después de dos meses buscando, aparecieron por casualidad Aitor y Saioa”.

Dos meses de balance positivo

El 1 de julio, Aitor y Saioa comenzaron a trabajar y, desde entonces, el resultado es muy satisfactorio. Los clientes les han recibido con los brazos abiertos y no han encontrado problemas en lo que respecta a la manera de trabajar, muy similar a la que ya conocían. La única diferencia está en que ahora, además de carnicería, también se encargan de gestionar ventas de leche, yogures, perfumería… Lo que viene siendo una típica tienda de pueblo.

En cuanto a la elaboración, “Hacemos salchichas, chistorra… Que antes en el mercado no teníamos opción de hacer. La carne fresca, el cerdo, el pollo, la ternera, la vaca… Seguimos ofreciendo el tipo de producto de siempre y contamos con los mismos proveedores que teníamos en Pamplona. A la gente le ha gustado el cambio. Aquí está el problema del servicio, que hay dos veces por semana, por lo que hay que jugar con los pedidos, arriesgarse un poco más en pedir”.

La intención es jubilarnos aquí, quedarnos para siempre. Darlo todo y echar raíces en el pueblo, que además es precioso”
– Aitor –

Una inyección positiva

Mikel reconocía que los comienzos han sido un poco apurados, ya que Aitor y Saioa “han venido a un sitio nuevo, es una forma de venta un poco diferente la de la zona rural y les ha coincidido en verano, que es turismo, y están un poco sobrepasados. Yo también pensaba que me iban a operar pasado el verano pero me dijeron que o ahora o si no en diciembre” (…) “De todos modos, con cualquier duda me llaman y todo muy bien”-señalaba.

Su llegada a Garralda ha llegado en un buen momento, ya que, tal y como nos contaba Mikel, los últimos años ha habido cierres, por lo que, conseguir el traspaso, junto a la apertura de un pequeño supermercado en Aribe, está manteniendo el servicio de la zona. “Que venga una familia con dos hijas a un pueblo como este por supuesto es una alegría para todos. Las crías han hecho piña con los demás niños del pueblo”.

Me siento muy agradecido a Carlos y Elena, con los que he convivido más de veinte años codo con codo en la carnicería, y al GCN que, cuando empezamos hace treinta años y aún sin saber mucho del oficio, nos ayudaron. A raíz de ello entré en la junta y ahí sigo
– Mikel Barberena –

Cuando preguntamos a Mikel sobre los recuerdos que se lleva después de todo este tiempo tras el mostrador, no lo duda un segundo: “Lo mejor es que al final llegas a casa a la noche y, aunque a veces vengas cansado, te da una satisfacción muy grande saber que has dado servicio a la población. Durante la pandemia hemos seguido dando servicio por las casas y la gente muy agradecida. Aquí también hay personas mayores y a veces les llevas la compra hasta su casa. Hablas con ellos, a veces además la gente está un poco sola…Y eso es satisfactorio. Damos un servicio y la gente al final lo agradece. 315 días al año se abre la carnicería siempre. En algunos casos es casi una labor social”.

En el lado de las contras están las inclemencias del tiempo que hacen difícil trasladarse a los pueblos, o el atraco que sufrieron unos años atrás, “Nos robaron la camioneta, la llevaron a Pamplona, la cargaron de toda la mercancía y le dieron fuego. Al final los seguros no nos respondieron y, aunque dieron con los atracadores, eran insolventes. Aquello fue muy duro, un cambio drástico que nos hizo comenzar con la venta a domicilio”.

Y en el lado más amable de la moneda, Mikel se queda con lo vivido con Elena y Carlos y asegura que, pese a trabajar durante más de veinte años seis días a la semana codo con codo, “ha habido muy pocos momentos de tensión y una convivencia muy grande con los dos. A Elena, a fin de cuentas, aunque no haya sido socia, la considero como tal porque, ha estado con nosotros y con los horarios que ha hecho falta”.

“Trabajar, vivir aquí y dar un servicio al pueblo, para nosotros es muy satisfactorio. Somos amantes de nuestra tierra”
– Mikel Barberena –

Planes de futuro

Mikel asegura que es muy activo, por lo que no ha dejado de moverse desde su jubilación. Ahora mismo “estoy en el ayuntamiento y haré cosas para el pueblo, ayudaré a mi hijo, que se han instalado de ganadero y va a pasar unos años un poco complicados y luego me iré de vacaciones, que llevo nueve años sin cogerme y necesito despejar un poco la mente”.

Planes varios y, si la salud lo permite, muchas ganas e ilusión para poder seguir a pie del cañón, “Si vivo como mi madre, que tiene 97 años, aún me quedan unos cuantos”-concluye sonriendo.