Consumir carne es una opción inteligente durante todo el año. Es fuente de hierro, fósforo, minerales, proteínas, grasas-necesarias para que nuestro organismo funcione adecuadamente- y, en fin, de múltiples nutrientes y beneficios para nuestra salud. Sin embargo, con la llegada del verano y las altas temperaturas, es importante que tengas en cuenta algunas recomendaciones para poder disfrutar de su consumo sin riesgos. 

El verano es la época perfecta para organizar barbacoas, disfrutar de platos ligeros y diferentes e innovar con recetas frescas y divertidas para sorprender al personal. Sin embargo, con el calor, la carne, rica en proteínas y con un alto contenido en agua, es más susceptible de sufrir contaminación bacteriana y traer desagradables intoxicaciones alimentarias como la listeria, la salmonella o E.coli. 

Unos consejos:

Vamos a ver cómo podemos evitar correr riesgos innecesarios con estos sencillos consejos: 

. Evita comer carne cruda o poco cocinada. En especial, las carnes picadas y la de pollo están más expuestas a esta contaminación. Como truco, para saber si la carne de pollo está bien cocinada, esta debe poder separarse del hueso sin dificultad. 

. De la carnicería a la nevera. En esta época del año debemos hacer especial hincapié en esto. Tanto si la carne está cruda como cocinada, lo correcto debe ser guardarla en el frigorífico nada más llegar a casa. 

. No cocines nunca carne congelada. Espera a que esta se haya descongelado completamente y descogela los productos en el interior del frigorífico, algo que alcanza mayor importancia durante el verano. De esta manera nos aseguramos de cocinar la carne de manera uniforme y de que esta esté totalmente cocinada y no haya partes crudas a la hora de servirla.

. Congela las sobras de comida si no tienes previsto consumirlas en las horas inmediatas a su conservación. 

. Separa las carnes rojas, la carne de ave y el pescado crudos de los demás alimentos.

. Utiliza utensilios como cuchillos y tablas de cortar diferentes para manipular alimentos crudos, y cuida además escrupulosamente su higienización después de la manipulación de cada producto alimenticio.

. Limpieza. Por último, pero no por ello menos importante, recuerda siempre que el lugar donde se cocinan los alimentos debe ser un templo sagrado en cuanto a higiene se refiere. Para ello, recuerda que existen productos especializados para la limpieza de nevera, encimeras y placas. Manteniendo la limpieza, no solo evitarás el riesgo de la proliferación de bacterias, sino que tendrás un lugar agradable y pulcro donde disfrutar de la agradable experiencia de cocinar.